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viernes, 13 de agosto de 2021

Lección 226/Libro de Ejercicios de UCDM

Lección 226 en vídeo-audio 



Lección 226

Mi hogar me aguarda. Me apresuraré a llegar a él.





1. ¿Qué es el perdón?

1. El perdón reconoce que lo que pensaste que tu hermano te había hecho en realidad nunca ocurrió. El perdón no perdona pecados, otorgándoles así realidad. Simplemente ve que no hubo pecado. Y desde este punto de vista todos tus pecados quedan perdonados. ¿Qué es el pecado sino una idea falsa acerca del Hijo de Dios? El perdón ve simplemente la falsedad de dicha idea y, por lo tanto, la descarta. Lo que entonces queda libre para ocupar su lugar es la Voluntad de Dios.

2. Un pensamiento que no perdona es aquel que emite un juicio que no pone en duda a pesar de que es falso. La mente se ha cerrado y no puede liberarse. Dicho pensamiento protege la proyección, apretando aún más sus cadenas de manera que las distorsiones resulten más sutiles y turbias, menos susceptibles de ser puestas en duda y más alejadas de la razón. ¿Qué puede interponerse entre una proyección fija y el objetivo que ésta ha elegido como su deseada meta?

3. Un pensamiento que no perdona hace muchas cosas. Persigue su objetivo frenéticamente, retorciendo y volcando todo aquello que cree que se interpone en su camino. Su propósito es distorsionar, lo cual es también el medio por el que procura alcanzar ese propósito. Se dedica con furia a arrasar la realidad, sin ningún miramiento por nada que parezca contradecir su punto de vista.

4. El perdón, en cambio, es tranquilo y sosegado, y no hace nada. No ofende ningún aspecto de la realidad ni busca tergiversarla para que adquiera apariencias que a él le gusten. Simplemente observa, espera y no juzga. El que no perdona se ve obligado a juzgar, pues tiene que justificar el no haber perdonado. Pero aquel que ha de perdonarse a sí mismo debe aprender a darle la bienvenida a la verdad exactamente como ésta es.

5. No hagas nada, pues, y deja que el perdón te muestre lo que debes hacer a través de Aquel que es tu Guía, tu Salvador y Protector, Quien, lleno de esperanza, está seguro de que finalmente triunfarás. Él ya te ha perdonado, pues ésa es la función que Dios le encomendó. Ahora tú debes compartir Su función y perdonar a aquel que Él ha salvado, cuya inocencia Él ve y a quien honra como el Hijo de Dios.





Lección 226

Mi hogar me aguarda. Me apresuraré a llegar a él.




1. Puedo abandonar este mundo completamente, si así lo decido. No mediante la muerte, sino mediante un cambio de parecer con respecto al propósito del mundo. Si creo que tal como lo veo ahora tiene valor, así seguirá siendo para mí. Mas si tal como lo contemplo no veo nada de valor en él, ni nada que desee poseer, ni ninguna meta que anhele alcanzar, entonces ese mundo se ale­jará de mí. Pues no habré intentado reemplazar la verdad con ilusiones.

2. Padre, mi hogar aguarda mi feliz retorno. Tus Brazos están abiertos y oigo Tu Voz. ¿Qué necesidad tengo de prolongar mi estadía en un lugar de vanos deseos y de sueños frustrados cuando con tanta facilidad puedo alcanzar el Cielo?





Lección 226 en mente uno(Clic).







Comentario de Jorge Pellicer. 
¿Qué es el perdón?
Lecciones 221 a 230.







Citas.  Tiempo:


¿Puedes imaginarte lo que sería no tener inquietudes, preocupaciones ni ansiedades de ninguna clase, sino simplemente gozar de perfecta calma y sosiego todo el tiempo? Ése es, no obstante, el propósito del tiempo: aprender justamente eso y nada más.
 
T-15.I.1:1-2 (Texto, capítulo 15, apartado I  párrafo 1, oraciones 1 a 2)





PSICOTERAPIA 


3. LA PRÁCTICA DE LA PSICOTERAPIA


I. La selección de pacientes. 

3. Tus pacientes no necesitan estar físicamente presentes para que les sirvas en el Nombre de Dios. Esto puede ser difícil de recordar, pero Dios no va a consentir que Sus regalos para ti se limiten a los pocos que en efecto ves. Puedes ver otros también, pues la visión no está limitada a los ojos del cuerpo. Algunos no necesitan tu presencia física. Te necesitan tanto, y tal vez más, en el instante en que se envían. Los reconocerás en la forma que pueda ser más útil para ambos. No importa cómo vengan. Serán enviados en la forma en que sea más útil: un nombre, un pensamiento, una imagen, una idea, o tal vez simplemente una sensación de estar llegando a alguien en alguna parte. La unión está en las manos del Espíritu Santo. No se puede evitar lograrla.

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