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martes, 10 de diciembre de 2019

Conciencia ecológica / Olga Ibáñez

EL ROTO, EPD 04/12/19


Amiga Olga Ibáñez, comparte su sentir sobre la conciencia ecológica,  y analiza "las diversas barreras que provocan la inacción ante el cambio climático". 

Es complicado discernir hasta qué punto el conjunto de la población mundial está concienciada del cambio climático. Es más que evidente que hay una gran mayoría que es consciente de que algo está ocurriendo, que hay una cosa que se llama cambio climático y que puede acabar con la especie humana. 

Ahora bien, hasta qué punto son conscientes de que  realmente es una emergencia y que hay que cambiar de forma urgente nuestro modo de vida, ya no lo tengo tan claro.
Sin duda es un avance para la ecología y para la lucha contra el cambio climático el hecho de que cadenas de televisión, periódicos, radio se estén haciendo eco de la Cumbre del Clima de Madrid y, no sólo eso, sino publicando artículos, noticias etc sobre la contaminación, los efectos del cambio climático, las alternativas y mostrándose a favor del cambio. Eso demuestra que hay una preocupación creciente por parte de la sociedad. Pero, a mi modo de ver, hay diversas barreras que provocan la inacción ante el cambio climático por parte de la sociedad. Vamos a analizar cuáles son.

La primera es el sentimiento de irrelevancia que reina entre la clase trabajadora. Ahora “la clase media” cree que todo se maneja desde arriba, que todo viene impuesto, que el primer paso lo tienen que dar los que mandan, que ellos no tienen poder para cambiar nada sin ayuda de los poderosos. Pero nos olvidamos que los sistemas los creamos las personas. El sistema económico, el sistema social, el sistema político... todos ellos no son exógenos a nosotros, sino que somo artífices de ellos. Nosotros con nuestras actitudes diarias los construimos. Entonces, lo que hay que conseguir es que la sociedad se empodere. Tenemos que trabajar para que la gente de a pie sea consiciente del poder que tiene para realizar cambios importantes, globales. Si no nos empoderamos, y eso quiere decir, darnos cuenta de que SÍ podemos hacer algo, que SÍ cuenta cada actitud y cada gesto, no podremos luchar contra el cambio climático que es el reto más grande al que nos hemos enfrentado nunca.

La segunda piedra en el camino hacia la concienciación de necesidad urgente de cambio es el individualismo que viene determinado por la sociedad capitalista y que nos empuja a pensar solo en nosotros mismos sin importar nada más. Eso implica que estamos muy centrados en nuestro propio mundo y nos alejamos de las cosas que ocurren fuera de nuestro esfera. No pensamos en el bien general, y, por tanto, tampoco pensamos en como nuestras actitudes afectan al resto del planeta. Solo pensamos en ser felices y nuestra forma de serlo es consumiendo. Somos felices comprándonos unos nuevos pantalones que ahora se llevan mogollón, unos sujetadores... Y nos olvidamos de las verdaderas cosas valiosas de la vida: una cerveza con amigos, hacer un pastel con tu madre, la sonrisa de una niña desconocida por la calle, el conocer a personas nuevas...  En esta espiral de egoísmo en la que nos encontramos, muchas veces, no queremos enterarnos de informaciones “negativas” o cuestiones más serias porque nos afectan, porque nos remueven éso, que hoy está poco valorado, la conciencia. Cuando esto ocurre y nos paramos a pensar comenzamos a  hacernos preguntas que no son fáciles de responder y que nos pueden llevar a largas reflexiones y llevan un tiempo responder. En este sentido, no queremos pensar en el cambio climático porque nos produce ansiedad, nos lleva a interrogarnos sobre nuestra actitud diaria, el sistema en el que nos encontramos y finalmente, también, sobre el propio sentido de nuestra existencia.

Y el tercer factor, la poca capacidad de esfuerzo del individuo actual. Estamos acostumbrados a que nos lo den todo hecho y para hacer el cambio en nuestra rutina diaria hay que esforzarse y hay que trabajar. Habría que renunciar a ciertas comodidades o lujos para convertir nuestra existencia en una experiencia más sostenible para el planeta. Por ejemplo, coger el transporte público en lugar del coche, tener 4 cubos de basura en lugar de 1 bolsa, llevar el aceite a su contenedor, cambiar nuestros hábitos alimenticios (menos ultraprocesados, menos carne, más legumbres, más fruta, más pescado), eliminar el consumo masivo de ropa, llevar envases para que nos pongan la carne y el pescado, diversificar nuestra compra o buscar sitios nuevos para conseguir productos sin plástico. Para hacer este esfuerzo hace falta creer 100% en lo que se está haciendo, y sobre todo saber que uno a uno vamos sumando. Al final, hablamos entre nosotros y cada uno tiene la capacidad de exponer nuestras ideas cuando nos pregunten por qué estamos haciendo ésto y entonces poder explicárselo, darles información y acercales al movimiento. En definitiva, hace falta ser valiente y dar el primer paso.

Lo cierto es que para llevar a cabo de forma completa todos los cambios habría que  transformar de forma radical nuestra sociedad y eso requiere de la ayuda institucional, de los ayuntamientos y de los gobiernos y también de las empresas, esto es innegable. Pero lo que también es innegable es que nosotros somos los primeros que debemos concienciarnos y debemos presionar. Si “los que mueven los hilos” ven que algo abajo se está moviendo y que nosotros ya no queremos participar de un sistema insostenible, que no queremos comprar más productos plastificados (o al menos, los menos posibles, se pueden buscar alternativas), que ya no cogemos tanto el coche para movernos por la ciudad, que ya miramos más el agua y la luz que gastamos y que apostamos  por las energías renovables; ellos deberán buscar la manera de ajustarse a nuestras nuevas demandas. Y eso no es más que la ley de la oferta y la demanda queridos y queridas.

 
  Olga Ibáñez.
Conciencia ecológica – Cumbre de Madrid – Diciembre 2019


Presentación sobre Cambio climático (EPD 04/12/19)

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